FUENTE : INFOVATICANA
Bajo el título ‘Sembremos esperanza en la trata de personas, signo de nuestro tiempo’, el arzobispo de Valladolid ha denunciado en la carta pastoral de esta segunda quincena de marzo la situación que padecen las personas inmigrantes víctimas de las mafias y también el cáncer de la prostitución.
El presidente de la Conferencia Episcopal Española afirma que «la trata de personas, forma de esclavitud de estos tiempos, deja, como nos dice el Papa Francisco, muy abiertas las llagas de Cristo en su cuerpo, en su cuerpo actual que es la Iglesia y de la humanidad llamada también a formar parte de este cuerpo de Cristo».
Argüello ha resaltado que la trata de personas está estrechamente vinculado «con el drama de la inmigración, en muchos casos de la inmigración ilegal, en muchos casos, personas engañadas con la promesa de poder encontrar aquí un trabajo fácil, una forma de ganarse la vida y, luego, experimentan que han caído en manos de una mafia, de una trama que explota sus vidas, que les impone condiciones que están muy cercanas a la esclavitud».
El prelado vallisoletano ha defendido en su epístola que es necesario «abordar la situación de la irregularidad y las causas de las migraciones para tratar de buscar una solución en su origen«. Esta última afirmación del arzobispo Argüello es novedosa en boca de un alto cargo eclesiástico español que parece apoyar las demandas de algunos que insisten en tomar medidas de raíz para frenar la inmigración masiva y descontrolada.
Mayo de 1968 y la sexualidad mal entendida
Monseñor Luis Argüello también ha dedicado buena parte de su carta a denunciar esa otra cara oscura de la que viven los traficantes de personas como es la prostitución. El arzobispo Argüello ha sido ha claro y ha asegurado que pagar por sexo «es la forma desordenada y viciosa de vivir la sexualidad».
El docto presidente de la Conferencia Episcopal Española ha señalado que la revolución de mayo de 1968 trajo una «propuesta de revolución sexual con diversos aterrizajes» basada en «la expansión de relaciones sexuales más libres se dice, se decía».
«También la apertura más decidida a todas las relaciones, desde la posibilidad de divorcios más fáciles, la regularización del aborto. Se llegó a afirmar que las patologías relacionadas con la sexualidad iban a desaparecer: el divorcio, la violencia en las propias casas; la liberación sexual, la prostitución y la pornografía, así la sexualidad dejaría de ser una causa de negocio», escribe Argüello en su carta.
Pasados unos cuarenta años de aquel fatídico mayo, el arzobispo de Valladolid asegura que «las problemáticas relacionadas con la sexualidad no han desaparecido. La pornografía ha crecido y la prostitución se ha extendido de una manera sorprendente, dando pie a la explotación de personas, bien con fines de difusión pornográfica, bien con fines de explotación en la prostitución».
Para Argüello, «todo lo relacionado con la trata de personas, con la prostitución, aparece como un lugar donde se congregan diversas problemáticas de nuestra hora: la inmigración, las dificultades para encontrar trabajo, la situación de las propias condiciones laborales, la vivencia de la sexualidad y lo que está significando desvincular el sexo del amor y de la transmisión de la vida«.




