Lo que nos estamos perdiendo

FUENTE : LA GACETA - JAUME VIVES

Esta semana hemos empezado ronda de visitas a colegios de educación especial. Nuestro hijo enfermo, que es el más agradecido de los tres que tenemos, no aspira a ser un gran matemático. Ya será mucho que algún día aprenda a comer solo y pueda prescindir del pañal. Ese es el tipo de cole que necesita y que estamos visitando: uno que le enseñe a ser lo más autónomo posible.

Se nos ha regalado la oportunidad de pasear por un colegio que acoge y enseña a más de trescientos niños discapacitados, la mayoría con síndrome de Down, la alteración genética más común.

Que un niño pueda entrar en ese tipo de colegio no es complicado. Nos recordaba la directora que «ya no nacen niños así». Las estadísticas dan pavor. Hay países del norte de Europa en los que ya no nacen niños enfermos, y en España el porcentaje es también aterrador. Algunos estudios hablan del 83% de abortos cuando se detecta la enfermedad, otros del 90% y hasta del 97%.

Las razones esgrimidas para impedir que nazcan niños enfermos tienen que ver con evitar su sufrimiento. La realidad seguramente tenga más relación con pretender evitar el sufrimiento de los padres. Y lo retorcido del asunto es que cada vez es más frecuente que —incluso— se considere una injusticia dar a luz a ese tipo de niños, porque —según dicen—, es condenarlos a una vida de sufrimiento. El propio egoísmo convertido en arma arrojadiza y perfumado de compasión por los niños.

Recorrer los pasillos del colegio ha sido una experiencia gratificante que debería ser obligada para todas las familias que están esperando un niño enfermo.

A nuestro paso por las aulas y, a diferencia de lo que ocurriría en un colegio normal, los niños, sencillos y sin ningún tipo de vergüenza, corrían a abrazarnos, nos saludaban efusivamente, se acercaban a acariciarme la barba y nos regalaban muecas muy divertidas. No era un colegio gris. Sus paredes, con décadas de historia y gastadas por el tiempo, son una invitación a la felicidad de quienes se cobijan en ellas.

No sé si será el futuro colegio de nuestro hijo, lo que sí sé es que algo muy parecido nos encontraremos en el resto de colegios que vayamos a visitar. Y lo que también he podido observar es lo que, por ignorancia, egoísmo y miedo, nos estamos perdiendo.

No conozco a un solo niño enfermo que haga la vida más fácil a sus padres, pero tampoco a uno solo que se la haga más infeliz.