Jaime Siegrist, ginecólogo: «Un médico no puede decir ‘ni se te ocurra tener más hijos'»

Por Margarita García 

A Leticia –madre de cinco hijos–, en un parto gemelar, aprovecharon la ausencia de su marido en el paritorio para insistirle en que tenía que ligarse las trompas. También le ocurrió a Lourdes, cuyo esposo fue “acorralado” antes de una cesárea para que autorizara una ligadura bajo el argumento de que otro embarazo “mataría a su mujer”.

Muchas madres abiertas a la vida denuncian una violencia obstétrica menos visible, pero profundamente psicológica, que las empuja a cambiar de médico para poder vivir su maternidad. Sin embargo, también existen profesionales respetuosos –como el doctor Jaime Siegrist– que demuestran que es posible acompañar con ética, ciencia y humanidad.

Escogió la especialidad de ginecología animado por la que hoy es su mujer y madre de sus siete hijos. Hemos conversado con él durante el ii Congreso Nacional de Médicos Jerôme Lejeune en la Universidad Francisco de Vitoria para explorar si es posible otra forma de hacer las cosas. El doctor Siegrist asegura que hoy cuesta ir a contracorriente, pero que también en el campo médico hay que ser “minoría creativa”: “Tenemos la responsabilidad de ser luz del mundo y de enseñar que hay más opciones en medicina”.

¿Qué miedos observa en las mujeres que acuden a su consulta?

La mujer embarazada tiene miedo de que algo no vaya bien durante la gestación; miedo al parto, o a una cesárea que condicione futuros embarazos. También tiene miedo a una cesárea innecesaria y, sobre todo, a que el ginecólogo la juzgue por tener varios hijos, o a que no respete sus convicciones, por ejemplo, ante el diagnóstico prenatal. Y muchas se sienten incomprendidas por utilizar métodos naturales para monitorizar la fertilidad.

La comunidad médica desaconseja realizar a una mujer más de tres cesáreas, ¿cuál es su opinión al respecto?

Me encuentro con mujeres que tienen seis cesáreas y el útero muy bien, y mujeres con segundas cesáreas que indican que es desaconsejable otro embarazo. El médico tiene que hablar de riesgos, ser sincero y realista, pero no excesivamente alarmista. Pues sí, cuantas más cesáreas, más riesgo hay, pero está en los padres asumir ese riesgo. El médico no puede decir “ni se te ocurra tener más hijos”. Hoy en medicina vivimos el consentimiento informado: el paciente toma el papel fundamental en la toma de ­decisiones. Desgraciadamente, muchos ­médicos, cuando tratan este tema dan una información sesgada que responde a una manera de hacer las cosas influida por factores sociales, económicos… Hoy más que nunca, cuando promueven “derechos”, incluso a cambiar de sexo, ¿por qué una familia no va a buscar otro hijo aunque suponga otra cesárea? El médico tiene que estar al servicio de la sociedad y de la vida.

“La mujer embarazada tiene miedo a que el ginecólogo la juzgue por tener varios hijos”

¿De qué manera un ginecólogo católico puede acompañar en situaciones de dificultad?

Recuerdo una paciente con una tremenda herida porque los médicos le dijeron que ante un prolapso de bolsa no había otra posibilidad más que abortar. No es verdad. Muchas veces los pacientes actúan por desconocimiento y lo importante es aconsejarles bien. Los médicos católicos que tenemos esa luz que nos da conocer la verdad tenemos un papel fundamental.

¿Cómo influyen las palabras de un ginecólogo para afrontar una nueva paternidad?

Influye y mucho. Nuestras palabras en consulta tienen un gran impacto. Tenemos una gran responsabilidad porque podemos condicionar decisiones de toda una vida. Por eso en la naprotecnología siempre explico a mis pacientes que nuestro objetivo no es “conseguir un hijo”, porque esto no es una fábrica de hacer bebés. Nuestro objetivo es buscar el problema por el que no tienen hijos, tratarlo y acompañarlo. Y que esta situación de ­esterilidad pueda ayudar a reforzar su matrimonio. Es un proceso prolongado de acompañamiento que va más allá de lo técnico, se vuelve casi espiritual.

¿Acuden a usted mujeres que se han sentido juzgadas por otros profesionales?

Muchas me buscan porque necesitan un ginecólogo católico que no las juzgue ante su manera de afrontar la apertura a la vida y el deseo de tener hijos, y de no anteponer la voluntad propia a la voluntad de Dios. Hay muchos pacientes que terminan siendo buenos amigos. De hecho, mi mujer bromea con que ha habido algunos embarazos de pacientes que me han hecho más ilusión que los suyos. Pero son embarazos que llevas esperando, y has vivido con los padres el sufrimiento, ciclo tras ciclo. Cuando llega se me saltan las lágrimas. Al final te das cuenta de que la vida no la da ni la naprotecnología, ni el médico, sino Dios.

¿Puede un ginecólogo recomendar no tener más hijos?

En una ocasión acudió a mí una mujer mayor de 40 años con muchos hijos que buscaba otro embarazo, pero para ello necesitaba que la operara por un problema que tenía. En ese caso sí me planté. Consideré desproporcionados los riesgos.

“En un embarazo de riesgo la mujer necesita seguridad, acompañamiento y respeto ante su decisión”

¿Qué necesita una mujer de su ginecólogo ante un embarazo de riesgo?

Seguridad para tomar una decisión, acompañamiento y respeto ante su decisión. Por ejemplo, en caso de una malformación “incompatible con la vida”, pregunto: ¿incompatible, por qué? Es conveniente matizar y hablar de la verdad del hombre. La vida siempre es la mejor posibilidad. Siempre va a estar más grave un niño si se le aborta que un niño por tener una enfermedad “incompatible con la vida”.

Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.