Reproducción Asistida: los graves riesgos de los que no se habla públicamente

FUENTE : RAZON MAS FE - EDWIN BOTERO

La industria de la reproducción médicamente asistida enfrenta serias cuestionamientos sobre los riesgos que estas técnicas representan tanto para las mujeres como para los niños concebidos mediante estos procedimientos. El Dr. Francisco Güell, biólogo y doctor en filosofía, ha publicado recientemente «El último in vitro», una obra que expone la realidad oculta detrás de las técnicas de reproducción artificial.

Güell, quien dirigió un importante proyecto europeo sobre fertilidad (B2-InF: Be Better Informed about Fertility) financiado por la Unión Europea, advierte que «los niños concebidos por RMA (Reproducción Médicamente Asistida), ya sea por IsA (Inseminación Artificial), FIV (Fecundación In Vitro) o ICSI (Inyección Intracitoplasmática) tienen, desde su concepción, un aumento de riesgo de padecer defectos en el desarrollo y de sufrir enfermedades graves. Y los riesgos para la salud observados aumentan conforme más invasiva es la técnica».

El investigador explica que estos riesgos se originan durante el proceso de regulación epigenética, una fase crítica donde los gametos y embriones son especialmente vulnerables a las manipulaciones físicas y químicas inherentes a estas técnicas. Durante este período, las intervenciones artificiales reemplazan el contexto natural en circunstancias donde cualquier alteración puede generar mutaciones epigenéticas con consecuencias graves para la salud del futuro niño.

Los riesgos identificados por Güell se clasifican en tres categorías temporales. Los defectos congénitos afectan múltiples sistemas corporales, incluyendo el respiratorio, esquelético, nervioso central, digestivo, cardiovascular y genitourinario. Particularmente alarmantes son los llamados «desórdenes de imprinting», donde el Espectro Beckwith-Wiedemann presenta un aumento de riesgo del 480%, los síndromes de Russell-Silver del 1030%, de Angelman del 370% y de Prader Willy del 120%.

En cuanto a los problemas que se manifiestan en los primeros días de vida, las estadísticas revelan incrementos significativos: bajo peso al nacer (menor a 1.500 g) aumenta 200%, la muerte perinatal 120%, la necesidad de cuidados intensivos 100% y las convulsiones neonatales 880%. Los riesgos a mediano y largo plazo incluyen retinoblastoma con un incremento del 680%, linfoma de Hodgkin 263% y parálisis cerebral 160%. También se observa mayor incidencia de leucemias, cáncer hepático, tumores renales, epilepsia, trastornos del espectro autista, hipertensión y asma.

Los procesos de congelación agregan riesgos adicionales, incrementando la probabilidad de cáncer pediátrico, diabetes tipo 1, problemas cardiovasculares, trastornos del lenguaje, alergias, síndrome de Treacher Collins y espina bífida. Estas conclusiones están respaldadas por numerosas citas de artículos científicos publicados, lo que confiere rigor científico a las afirmaciones del autor.

Sin embargo, esta información crítica raramente aparece en los materiales promocionales de las clínicas de fertilidad. Güell denuncia un «bloqueo informativo» en los medios de comunicación, influenciado por conflictos de interés que afectan tanto las conclusiones científicas como los titulares periodísticos. Los grandes lobbies de las empresas biotecnológicas, que han invertido miles de millones de dólares en esta industria, logran colocar personal científico y académico en posiciones clave para organizar congresos, planificar investigaciones y controlar publicaciones.

Un ejemplo concreto del valor económico de esta industria es la venta en 2023 del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) por 3.000 millones de euros a KKR, una firma global de inversión. Este contexto económico genera un sesgo elevado que deforma la realidad presentada al público. Farmacéuticas como Merck, Organon, Gedeon-Richter e IBSA financian investigadores que estudian los riesgos de estas técnicas y subvencionan expertos que difunden resultados en congresos internacionales.

La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) ha eliminado de sus bases de datos cualquier seguimiento de niños nacidos por fecundación in vitro, una decisión que el autor califica como lamentable. Güell establece un paralelismo con la industria tabacalera, señalando que desde comienzos del siglo XX se observaron problemas de salud derivados del tabaco, pero tuvieron que pasar décadas para que las empresas informaran sobre efectos adversos, y solo gracias a demandas colectivas en tribunales.

Las tasas de éxito presentadas por las clínicas también resultan engañosas. Mientras una clínica importante mundial afirma que «nueve de cada diez parejas que consultan por problemas de infertilidad consiguen su objetivo, ser padres», el gobierno francés reportó en 2021 una tasa de éxito del 1,6% para mujeres de 45 años. Las clínicas suelen presentar datos basados en embarazos y no en niños nacidos vivos, ocultando la probabilidad real de éxito.

Como alternativa, Güell propone la medicina restaurativa, que busca revertir la infertilidad identificando y tratando sus causas. Esta aproximación logra identificar el problema en casi el 100% de los casos y presenta tasas de éxito similares a la RMA sin ovodonación, pero sin los riesgos asociados y con menores costos tanto para pacientes como para sistemas de salud.

El consentimiento informado representa otro aspecto problemático. Las normas internacionales exigen que este proceso respete la autonomía del paciente, pero el análisis de diferentes formularios de clínicas de RMA revela que los pacientes no pueden consentir libremente al no recibir información adecuada sobre tasas de éxito reales y riesgos para la salud infantil. Una sentencia reciente obligó a una clínica española a pagar 400.000 euros a una familia por falta de información sobre la probabilidad de que su hija, nacida por RMA con donante de óvulo, desarrollara una enfermedad.

El autor concluye enfatizando que toda vida humana, independientemente de su origen, posee una dignidad inconmensurable y debe ser valorada absolutamente. Precisamente por esta razón, resulta imperativo proteger a estas nuevas personas de las consecuencias de técnicas defectuosas que incrementan significativamente el riesgo de múltiples y graves dolencias. La expansión de esta industria, que ahora busca financiamiento estatal y se beneficia de cambios legislativos europeos que permiten el comercio de óvulos y embriones entre países, requiere una supervisión gubernamental independiente y rigurosa para proteger la salud de los más vulnerables.

Según la doctrina católica, la procreación humana debe realizarse dentro del matrimonio y mediante el acto conyugal natural. La Iglesia considera que las técnicas de reproducción artificial separan la procreación del acto de amor conyugal y pueden instrumentalizar la vida humana, por lo que no las considera moralmente aceptables, independientemente de los riesgos médicos asociados.

Fuente: Los graves riesgos de la Reproducción Médicamente Asistida – Exaudi