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¿Soy homófobo?

La homosexualidad es una desviación de la sexualidad humana, masculina y femenina.

Por supuesto, hay que aceptar y respetar a las personas con tendencia homosexual, que no son culpables de esa tendencia, y a menudo cargan con dolorosas historias de no aceptación a sus espaldas.

La homosexualidad es una desviación muy dañina, no sólo porque puede llevar a relaciones homosexuales que son indignas del ser humano, sino porque además impide vivir el matrimonio, tener hijos y formar una familia, que son grandes aspiraciones del hombre y la mujer. La homosexualidad lleva a no poder disfrutar la sexualidad en su complementariedad de hombre y mujer, y a la esterilidad.

Por eso, porque es una desviación muy dañina de la sana sexualidad, no me gustaría que mis hijos desarrollaran tendencias homosexuales. Por lo mismo, no quiero que en la escuela ni en ningún sitio se les enseñe que la homosexualidad es tan normal como la sana sexualidad, porque no lo es, ni que se les diga que tienen que elegir su género, porque eso es confundirles y pervertir su sano desarrollo. Al contrario, si alguno de nuestros hijos mostrase una tendencia homosexual, nosotros le intentaríamos ayudar para reorientarle y que desarrollara su sexualidad de niño o niña. Si no lo consiguiéramos, le aceptaríamos y le querríamos igual o más, pero le aconsejaríamos que evitase las relaciones homosexuales y viviese en castidad, que es posible y más sano.

Como se ha visto ya en numerosos estudios, no se nace homosexual. La homosexualidad se desarrolla, a veces a causa de diversos problemas de autorrealización e identificación sexual, aunque a veces sea desde la más tierna infancia. Hay formas de ayudar a las personas a reorientarse hacia una sana sexualidad. Por eso no quiero llamarles “homosexuales” sin más, porque la homosexualidad, a diferencia del sexo masculino o femenino que nos constituye como hombres o mujeres, no es un rasgo esencial y constitutivo de la persona. Por eso prefiero llamarles “personas con tendencias homosexuales”, o con atracción por el mismo sexo.

Conozco a varias personas con tendencias homosexuales que son cristianos y viven en castidad, y han experimentado como una auténtica liberación esa enseñanza de la Iglesia.

Creo -y lo veo por experiencia con mis hijos- que los niños necesitan un padre y una madre. Ambas figuras les dan seguridad y les aportan modelos que les ayudan a desarrollar su propia sexualidad masculina o femenina. Por tanto, creo que los niños que sido abandonados o han perdido a su familia necesitan un entorno lo más sano y familiar posible, con la figura paterna y materna, y no estoy de acuerdo con que las parejas homosexuales adopten niños, los obtengan por fecundación artificial o los encarguen a madres de alquiler, una práctica indigna e inhumana que nos devuelve a los tiempos de la esclavitud.

No odio a las personas con tendencias homosexuales, todo lo contrario. He intentado respetarles siempre. Cuando algunos que hoy son abanderados del homosexualismo, hace años se reían de ellos y les despreciaban, yo procuraba no participar. Cuando hoy se hacen bromas despectivas sobre ellos, afortunadamente cada vez con menor frecuencia, yo no me río, y si hay ocasión, intervengo en su defensa. Me alegro de que ya no se les persiga ni se les desprecie, como por desgracia ocurría antes. Tengo amigos con tendencias homosexuales y les quiero, aprecio y admiro.

Si pensar así es un delito, yo soy un delincuente. Si pensar así está prohibido, yo lo incumplo, me rebelo contra la prohibición y voy a seguir incumpliéndola. Creo que lo que pienso es acertado, y prohibir esta forma de pensar no es proteger a las personas con tendencia homosexual, sino intentar acallar y reprimir las conciencias en un acto de totalitarismo increíble.

No, no soy homófobo. Al contrario, amo y respeto a las personas con tendencias homosexuales. Pero eso no significa dejar de reconocer la realidad tal como es. Ser hombre y ser mujer son realidades constitutivas de la persona, con las que se nace y que además, han de desarrollarse a lo largo de la infancia, la adolescencia y toda la vida. El hombre y la mujer nacen y se hacen. Debemos ayudar a nuestros hijos e hijas a identificarse y desarrollarse como niños y niñas, chicos y chicas, hombres y mujeres, y no pervertirles con la falsa teoría de género. Esta es un puro invento humano, muy equivocado y alejado de la realidad, que se nos trata de imponer a la fuerza, por poderes políticos y económicos que no buscan el bienestar de nuestros hijos ni el bien de la familia. La ideología de género es irreal, inhumana y muy dañina.

Todas las personas son respetables, tengan las opiniones que tengan. Pero, en cuanto a sus opiniones, pueden ser acertadas o equivocadas, y hay opiniones equivocadas que merecen toda nuestra oposición, porque son injustas y generan crueldad. La ideología de género es una de ellas.

Hoy se nos está tratando de imponer a todos de forma totalitaria, por fuerza de ley, la ideología de género. No lo permitamos.

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