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"A LOS PIES DE LA CRUZ"

(Esta es la carta de un grupo de personas que nos reunimos a orar ante el abortorio de Cádiz, simplemente como cristianos).

Varios medios públicos se han hecho eco de una queja de un partido político sobre nuestra presencia a la puerta de los abortorios, poniendo en nuestra boca y nuestro corazón palabras e intenciones que están muy lejos de ser nuestros.

Sí han acertado en lo más importante: estamos allí rezando. Rezamos por las madres, por los padres, por los niños que están siendo abortados, por quienes practican los abortos y por una sociedad que parece haber olvidado el valor de un niño, de una nueva vida humana en gestación. 

Por supuesto, no somos de extrema derecha, ni de ninguna otra ideología. La vida humana no es de derechas ni de izquierdas, y no somos enemigos de nadie. Lo que nos mueve no es la ideología, sino el amor de Dios a esos niños, y su misericordia por sus madres y padres. 

Ninguna mujer se merece pasar por el desgarro interior de un aborto provocado. Nosotros estamos allí para rezar por ellas, no para juzgarlas, y mucho menos para llamarlas “asesinas”. La mayoría de las veces ni siquiera encontramos el valor ni la forma para hablar con ellas, y cuando lo hacemos, es sólo para ofrecerles breve y respetuosamente ayuda y apoyo para que puedan tener a sus hijos. Ellas son realmente las otras víctimas de este nefasto negocio. A veces les damos una estampita al salir -las vemos destrozadas- con una imagen de Jesús misericordioso y un teléfono de Proyecto Raquel, al que pueden llamar para sanarse interiormente después del aborto. 

Sobre todo estamos allí para rezar, no para que nos vea la gente. No queremos que esos niños se vayan tan pronto de este mundo sin recibir ni una gota de amor, sin que haya nadie que se preocupe por ellos, que por lo menos esté acompañándoles en su muerte, como María, Juan y la Magdalena acompañaron a Jesús en el Calvario. No necesitamos rezar en voz alta, ni siquiera llevar un cartel: el Señor ya nos escucha, y -curiosamente- parece que muchos se han dado cuenta de qué hacemos ahí. Sí, hemos estado allí los 40 días de la Cuaresma, en grupitos de dos, tres, muchas veces una sola persona, de 10 de la mañana a 10 de la noche, con el abortorio abierto o cerrado. Respetuosamente, en paz.

Tampoco son nuestros enemigos los profesionales que practican los abortos, ni los que lo promocionan, todo lo contrario. Rezamos por ellos, por que encuentren un trabajo en el que realmente ejerzan su vocación al servicio de la vida humana, y por su conversión a Quien dio su sangre por todos en una cruz, también por ellos. 

Un día, la aceptación del aborto pasará, porque es injusto y hace daño a la mujer -también al hombre-. Es un falso feminismo, ideologizado y alejado de la realidad de la mujer, el que pretende que para ser libre, ella debe ser capaz de deshacerse de sus hijos si le obstaculizan en sus proyectos. Eso no es libertad, eso daña; es la realidad, y lo extraño es que estemos tan ciegos como para no verlo.

Seguiremos rezando por todas estas personas y por nosotros mismos, para no decaer y llevar a todos el amor misericordioso del Padre. Esa es nuestra verdadera y única intención.

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