Así manipulan los estudios que buscan demostrar los «beneficios» del aborto

FUENTE : RAZON MAS FE 

 

Un análisis detallado de las investigaciones científicas sobre el aborto revela patrones preocupantes que cuestionan la objetividad y validez de muchos estudios ampliamente citados en medios y círculos académicos. Los principales problemas identificados incluyen la concentración de la investigación en un pequeño grupo de autores vinculados a organizaciones abortistas, sesgos sistemáticos en el muestreo y altas tasas de pérdida de seguimiento de pacientes.

Entre los investigadores más prolíficos en este campo destacan nombres como Daniel Grossman, Beverly Winikoff, Elizabeth Raymond y Diana Greene Foster, todos ellos conectados con instituciones como Planned Parenthood, el Instituto Guttmacher, Gynuity o la Universidad de California-San Francisco (UCSF). El financiamiento de estos estudios proviene principalmente de fundaciones conocidas por su apoyo al aborto, incluyendo las fundaciones de George Soros, Bill Gates, David y Lucille Packard, y Warren Buffett.

Un ejemplo ilustrativo es el caso del Proyecto de Evaluación de Políticas de Texas (TxPEP), liderado por Daniel Grossman. Sus conclusiones sobre el impacto de las leyes estatales en el cierre de clínicas abortivas fueron citadas extensamente en la decisión Whole Women’s Health v Hellerstedt (2016), a pesar de que la demanda por servicios de aborto ya venía disminuyendo antes de la implementación de la ley HB2.

Los problemas metodológicos son particularmente evidentes en el manejo de las muestras. El célebre «Estudio Turnaway» de la UCSF, por ejemplo, seleccionó participantes exclusivamente de salas de espera de clínicas abortivas, creando un sesgo inherente hacia mujeres ya convencidas de su decisión de abortar. Este diseño ignora sistemáticamente las experiencias de mujeres con diferentes perspectivas o circunstancias.

Otro problema crítico es la alta tasa de pérdida de seguimiento en estudios longitudinales. Un estudio de 2019 sobre abortos telemédicos perdió contacto con el 25% de las pacientes de clínicas y casi el 40% de las pacientes de telemedicina, comprometiendo seriamente la validez de sus conclusiones sobre seguridad y eficacia.

La interpretación selectiva de datos también genera preocupación. El estudio de Mitchell Creinin sobre la reversión del aborto químico, interrumpido prematuramente por problemas de seguridad, reveló datos que paradójicamente respaldaban la eficacia del protocolo de reversión con progesterona, aunque estos hallazgos fueron minimizados en la cobertura mediática.