El pasado 5 de agosto falleció Margarita María Fraga Iribarne. No podía dejar pasar la ocasión de hacer un elogio de su vida y de su persona. Conocí a Margarita en el año 2009, ella era la fundadora de la Asociación Evangelium Vitae, por aquellos entonces antes de la fundación de Spei Mater la única asociación católica provida y cuyo carisma era la oración. ¡Que gran visión de la realidad! Ella sabia muy bien que la defensa de la vida y la dignidad de la persona es una batalla que solo ganaremos con armas espirituales. Me abrió las puertas de su casa y de su corazón y me ayudo todo lo que estuvo en su mano con la fundación de Spei Mater, siempre alegre, siempre humilde. Ella organizo junto a la Delegación de Familia y Vida las jornadas por la Vida muchos años.
No se que nos pasa en España que no sabemos apreciar a las grandes personas o ha sido la humildad de morir en agosto sin hacer ruido, como ella era, pero ella se merece todo el reconocimiento de la Iglesia y del movimiento provida en España por su inmensa y callada labor a favor de la vida.
Gracias Margarita María (como la santa del Sagrado Corazón por quien te pusieron el nombre), de mi parte, de todo Spei Mater, de la Iglesia en España, del movimiento provida.
Ya se que no se debe “canonizar” a la gente sino rezar por ella, pero la verdad, a título personal, estoy segura que ella, junto con Magaly Llaguno y Vicky Thorn a las que conoció personalmente, siguen trabajando desde arriba incansablemente por la vida y la familia como lo hicieron en vida.
A continuación, reproduzco una carta escrita por su nuera, María Jesús Escribano, una carta llena de cariño de admiración que escribió para ella y que titulo “Mis recuerdos de Margarita María Fraga Iribarne”
Mis recuerdos de Margarita María Fraga Iribarne [Por María Jesús Escribano]
Margarita Maria Fraga Iribarne (Villalba de Lugo 10/3/1940 - Madrid 5/8/2025). La menor de 12 hermanos. Madre de 8 hijos, más uno no nacido, abuela de 38 nietos y bisabuela de 2.
Una mujer apóstol hasta el final, de un gran corazón, su corazón era semejante al Corazón de Cristo, abierto y compasivo con todos, sin importar la raza, religión, ni el color de la piel, amaba a todos como hermanos y pasó haciendo el bien (como dice la canción). En su lecho del dolor nos pedía que diésemos las estampas de Evangelium Vitae con la Oración de la madre embarazada (imagen de la Virgen de la Expectación del parto de Tuy), del Rosario Evangelium Vitae con la meditación de los misterios del rosario y la estampa del SEOUR (Servicio de Oración Urgente por la Paz, la vida y la familia) con la Oración de la Encíclica Evangelium Vitae de S. Juan Pablo II, tanto a médicos, enfermeros, auxiliares como a todo el que venía a su habitación en el hospital. La presidenta de SEOUR es una mujer enferma de ELA desde hace muchos años, a quien ella llamaba por teléfono para rezar el rosario juntas.
Margarita fue profesora de historia en la facultad de Santiago de Compostela antes de casarse el 1 de agosto de 1964 en Villalba de Lugo. Mujer muy generosa, alegre, atenta, servicial, simpática, amable, fiel, constante, perseverante en la oración y en la causa por la vida hasta el final. Quería muchísimo a su marido Ricardo (su maridiño como ella le llamaba), siempre iban juntos todos los días a misa desde que se jubiló Ricardo. Celebraron su 61 aniversario en el hospital, días antes de su partida al Cielo.
Siempre le acompañaba Radio María en su día: laudes, las noticias del mediodía, el rosario de las 7 de la tarde, y cuando ya estaba muy enferma en el hospital la santa misa.
Al levantarse rezaba, iba a misa diaria todas las mañanas, a la compra y luego a su cocina, que como decía ella, era su "oficina". Margarita cocinaba muchísimo, con grandes ollas, para sus hijos y luego nietos, siempre su casa estaba abierta, con la ayuda inestimable de Dolores Bascoy Fraga (q.e.p.d.) que también era de Villalba de Lugo y luego Cristina, polaca. Hacía muchos frascos de mermelada, bizcochos, yogures y los roscones de Navidad, que le encantaba repartir junto con sus Estampas de Evangelium Vitae por la Vida para hacer apostolado. Su "reloj" de cocina o "tiempo de cocción" se medía por rezos de Ave Marías, y siempre había muchos invitados a comer con ella, en especial personas relacionadas de los movimientos Provida y sacerdotes amigos. Era la pequeña de una gran familia, y le encantaba siempre ser muchos, siempre decía en las reuniones familiares "cuantos más mejor".
Sus conversaciones siempre eran interesantísimas, podía hablar de todo: de historia, de literatura, de arte, de la doctrina moral de la Iglesia (le encantaba el catecismo de S. Juan Pablo II), del valor del matrimonio, de cocina, de la fe, de la mujer y de la vida. Por las tardes siempre rezaba el rosario a las siete con Radio María y preparaba sus Vigilias por la Vida para los días 24 de cada mes, en memoria del día de la Encarnación 25 de marzo. El texto de las Vigilias lo enviaba a todos sus contactos por email (muchísimos y de diferentes países). Iba a rezar a la Dator todos los primeros domingos de mes. Celebraba una Vigilia de Oración por la Vida el día de los santos inocentes, el 28 de diciembre, en el templo eucarístico diocesano de San Martín y luego invitaba a tomar roscón hecho por ella y hacía entrega de cestas de bebé a mamás embarazadas. También recuerdo que hacía concursos de dibujo nacionales por la vida. En la estampa del Rosario de Evangelium Vitae por la Paz, la Vida y la Familia, ella había hecho comentarios en cada misterio para rezar por la vida. En las letanías, añadía “Madre de la Vida, ruega por nosotros". En el hospital, a su sobrino D. Luis Gahona, sacerdote en el Seminario de Toledo, le repitió esta invocación a la Virgen, Madre de la Vida, que ella toda su vida repetía.
Los últimos años, vio necesario orar por los cristianos perseguidos. Ella también fue adoradora nocturna femenina en el Templo Eucarístico S. Martín, donde pasaba la noche del jueves al viernes, para luego continuar en su cocina al día siguiente. En sus últimos años de vida, aprendió a utilizar el móvil y nos evangelizaba a todos por whatsapp, mandándonos el Santo del día, y teniendo detalles para alegrar a cada uno (nos alentaba, nos enviaba lo mejor que ella recibía y por las noches nos deseaba "santas y buenas noches nos de Dios"). Estábamos todos esperando su mensaje whatsapp diario, en sus grupos de oración y de familia. Nos tenía presentes a todos en sus oraciones.
Desde que se aprobó la ley del aborto en España en los años 80, algo en ella se removió como la pequeña de doce hermanos gracias a la generosidad y la fe de sus padres Manuel y María que le dieron la vida (su madre María estaba enferma cuando se quedó embarazada de ella). Sus padres fueron emigrantes en Cuba donde se conocieron, y decidieron volver a Galicia, porque allí no vieron un entorno moral adecuado para educar en la fe a sus hijos. El ser la pequeña de doce hermanos, la hizo ser apóstol de la Vida: escribir cartas en periódicos, artículos, alentar a políticos, sacerdotes y obispos, dar charlas, participar en la vida de la Iglesia y sobre todo promover la Oración por la Vida que pidió S. Juan Pablo II en su Encíclica Evangelium Vitae en 1995. Por eso funda en 1998 la Asociación Evangelium Vitae. Era una mujer de mucha cultura y mucho sentido común. También colaboró en los grupos prematrimoniales de la Parroquia Buen Suceso, donde estaba su director espiritual D. Aurelio Fernandez (q.e.p.d.) y también en el Instituto Berit de las Cruzadas de Santa María.
El domingo día 3 de agosto, en su lecho del dolor, le llamó un sacerdote amigo de la familia, D. Jose María Revuelta, y en sus palabras de consuelo y de aceptación de la Voluntad del Señor, la alentaba para que ofreciese su dolor por los jóvenes reunidos con el Papa en Roma, por los dos jóvenes que habían fallecido y el otro joven que estaba muy grave. Ella que ya no podía hablar, asentía con la cabeza, para ofrecer su dolor por ellos. Días antes nos dijo que era importante pedir por las vocaciones: "Señor danos sacerdotes santos". Sabíamos que el Capitán de su habitación era el Señor e iba dirigiendo la barca cada día de su hospitalización. Margarita falleció tras una larga agonía de 40 horas aproximadamente que comenzó el domingo por la noche, como los 40 días por la vida. Esperó a fallecer a tener reunidos a todos sus nietos (son 38 nietos, solo faltaron 5 nietos que estaban fuera de España e incluso llegaron 2 biznietas desde Japón). Alrededor de su cuerpo yacente, una de sus nietas que es consagrada en el Instituto secular Cruzadas de Santa María comenzó a rezar el Santo Rosario, uniéndose todos los nietos en la habitación y pasillo, y terminando con el canto Salve Regina y otros cantos marianos. Durante sus días de hospitalización una de las canciones que siempre se cantaba todos los días era: "Tú has venido a la orilla" que un día le tocaron con instrumentos musicales sus nietas Gutiérrez y a ella le gustó mucho, así que siempre le repetíamos esta canción. también sonaban canciones como “Mientras Recorres la Vida", "Cantemos a la Virgen de la Natividad" (patrona de Cercedilla donde ella pasaba sus veranos desde que nació su primera hija), el himno de la Santina (sus nietos de Asturias), "Al Cielo, al cielo si, un día a verla iré"
Su gran devoción a la Virgen de la Natividad de Cercedilla, a quien ella rezaba con entrañable amor de hija, le llevaba a pedir un día dentro de la novena, la bendición de las madres embarazadas.
Falleció santamente al acabar de rezar con una de sus hijas la Coronilla y el Santo Rosario a las 15:40 horas del día de Nuestra Señora de las Nieves, a quien tenía profunda devoción por este milagro tan grande que sucedió en Roma donde está la Basílica de Santa María la Mayor. En su lecho del dolor en el hospital (tenía un cáncer extendido por todo el cuerpo y dos fracturas en pierna y brazo), nos recibía a todos con una sonrisa que recordaba la del Cristo de Javier que ella tenía en la puerta de su nevera. No había límite de aforo para ella en su habitación del hospital, todos éramos bienvenidos, no se quejaba de nada, nunca se quejó, incluso sonreía a todo el que llegaba. Era una persona con mucho amor y buen humor. El día que se cayó (debido al cáncer), nos pedía perdón por haberse caído cuando se la llevaba en la ambulancia. Habíamos llamado al párroco de Cercedilla para que le diese la Santa Unción antes de ir al hospital pues el desenlace podría ocurrir en cualquier momento. Pudo recibirla una vez más en el hospital, antes de fallecer (fueron 21 días de hospitalización). Su mayor deseo, lo que cada día pedía mientras que pudo hablar, era recibir la comunión que se la llevaban los seminaristas/capellán del hospital donde estaba.
Era una mujer de Dios y tenía muchas ganas de ver a Jesús. Recitaba su salmo preferido en su lecho de dolor, “El Señor es mi pastor y nada me puede faltar". Impresionaba siempre ver la devoción con que comulgaba y su oración al terminar la santa misa. Repasaba el nombre de cada uno de sus hijos y nietos pidiendo por ellos junto con su marido Ricardo. Rezaba la oración de San Ignacio "Tomad Señor y recibid", la oración “Alma de Cristo" y la oración por la Vida de S. Juan Pablo II, terminando "Madre de la Vida, ruega por nosotros". Era muy humilde y siempre sabía pedir perdón se hubiera o no equivocado, no quería molestar a nadie. Era una mujer que buscaba siempre la paz. Con los temas de moral cristiana y del matrimonio, familia y vida, era muy clara: al pan, pan, y al vino, vino. Era fiel a la frase "Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley" (Evangelio según san Mateo 5,18). Era fiel al Evangelio y al Papa. Era defensora de la fe, en cualquier foro en el que se encontrase, sea dentro de la iglesia o fuera de ella, teniendo muchas anécdotas de ello. Se confesaba con frecuencia.
Cinco días antes de fallecer, nos recitó unos versos del romance de Don Gaiferos, y nos quedamos todos boquiabiertos. En este romance el peregrino Don Gaiferos decía que ya había llegado a Santiago y podía ya el Señor llevarle con Él. Estamos seguros de que estará muy feliz con Santiago Apóstol, San Ramón Nonato, Santa Margarita María de Alacoque, San Juan de Mata, San José y también con el que fue su gran director espiritual, D. Aurelio Fernández.
La Virgen bajó a buscarla el día de su fiesta (5 de agosto) y todos damos muchas gracias a Dios por haber sido tan buena esposa, madre, abuela, hija, hermana, suegra, cuñada, tía, amiga, vecina del barrio y feligresa de las parroquias del Inmaculado Corazón de María, Buen suceso, San Sebastián de Cercedilla y del Templo Eucarístico Diocesano de S. Martín (donde reposa) y haberla tenido a nuestro lado estos años en la tierra.
Como siempre nos decía cuando nos reuníamos, que algún día estemos todos juntos en el Cielo y como decía su devocionario de alumna del Sagrado Corazón: "una niña del Sagrado Corazón no puede salvarse sola". Estamos segura, que ella nos llevará en racimos al Cielo. Además, ella también estudió en el Colegio de la Compañía de María de Santiago de Compostela, donde tenía una profunda devoción a la Virgen Niña y siempre daba gracias a Dios por su comunión temprana (pudo recibir al Señor, con 5 años y medio, pues ya tenía uso de razón y sabía que estaba recibiendo al mismo Dios con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad).
Doy muchas gracias a Dios, por el amor, alegría, impulso adelante siempre adelante, que me transmitió mi querida suegra Margarita, vecina puerta con puerta estos 23 años, y, sobre todo, por su oración por mí y mi familia. Su ayuda y oración inestimable, en especial cuando mi marido estuvo enfermo, lo llevaré siempre en mi corazón.
Gracias Margarita, hasta la Eternidad, que algún día estemos todos juntos en el Cielo, como siempre nos decías. Santa María, Madre de la Vida, Ruega por nosotros.




