Tus ojos no me vieron

Ponemos el link a un blog en el que se cuenta  la experiencia de un aborto vista desde el punto de vista del bebe

Aqui el link al blog

https://ghettomental.wordpress.com/2021/09/06/tus-ojos-no-me-vieron/

 

Aqui el comentario que dejaron, sin desperdicio sobre el postaborto y el valor de la confesión

 

Dolor… el primer recuerdo es de dolor. El vacío sentido cuando se piensa en lo que ya está hecho.
El mundo sigue y rápido. Y mi vida se había parado. Ya estaba hecho.
Pero el tiempo no se paraba tampoco para mí y me obligaba a pensar. Era hora de seguir adelante. A palo seco no se puede.
Durante varios días entré en una iglesia a mirar a Dios y dejarme mirar por Él. No sabía cómo empezar. El último día, de camino a la puerta de dicha iglesia, mis pies temblando me llevaron hacia un confesionario donde había un cura muy joven. No lo conocía y pensé: pobre muchacho la que le espera… Lo vomité todo con la necesidad de borrar algo tan molesto que me abrasaba. Mientras me confesaba, temblando tanto que mis piernas ya no se sostenían, vi a Cristo en la Cruz y comprendí, por primera vez, el valor de la palabra Redención. Gracias… Gracias también por el rosario de color azul que me regaló el sacerdote. No se lo dije pero era un niño lo que esperaba.
Me hubiese confesado todos los días de mi vida si eso me hubiese ayudado a borrarlo de mi mente. Pero no me permití hacer vano aquel momento glorioso de misericordia. Dios ya me había perdonado y si yo no podía hacerlo, eso tendría que trabajarlo.
Busqué desesperadamente otro hijo. Me daba igual si sano o enfermo. Esta vez lo haría mejor y quería la oportunidad de demostrarlo. Pero no llegó y doy gracias por ello. Cada hijo es único y no era así como tenía que afrontarlo. No obstante, seguía obsesionada en que Dios me diera otro hijo y hace poco me dijo: «Te he dado uno, el Mío». Volví al momento del confesionario con mis rodillas temblando y cómo éste desapareció y, en su lugar, vi a Nuestro Señor crucificado derramando tanto amor por esta miserable pecadora.
Han pasado tres años y quedaba algo pendiente: perdonarme yo. Ayer ocurrió el milagro después de leer esta entrada de blog. No vienen de Dios los pensamientos destructivos, descalificativos ni llenos de desprecios que sentía. Ha sido importante conocerlo y reconocerlo. A través de los ojos que no vi, mis ojos han visto el amor de Dios.
Aunque sé que ya lo has hecho. déjame decírtelo:«Perdóname, hijo mío. Te amo»