LA POBLACIÓN DE ESTADOS UNIDOS SE ACERCA CADA VEZ MÁS AL CRECIMIENTO CERO: UN
FUTURO DESPOBLADO
Por el Padre Shenan J. Boquet – presidente de Vida Humana Internacional
Publicado el 20 de abril del 2026
“El deber más serio de transmitir la vida humana, para el cual los casados son colaboradores libres y
responsables de Dios Creador, siempre ha sido fuente de grandes alegrías para ellos, aunque a veces haya
estado acompañado de no pocas dificultades y angustias.” — Papa San Pablo VI, Humanae vitae, Nro. 1
El 9 de abril de 2026, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos
publicaron sus datos provisionales de natalidad para 2025. Las cifras son alarmantes. La tasa general de
fecundidad en Estados Unidos cayó a tan solo 53,1 nacimientos por cada 1000 mujeres en edad fértil, la cifra
más baja jamás registrada en el país. Y la tendencia no muestra signos de detenerse.
Desde 2007, la tasa de fecundidad en Estados Unidos ha disminuido un 23 %. Solo el año pasado, nacieron
aproximadamente 700 000 niños menos que en el pico de 2007.
¿Qué tan grave es la situación?
Para comprender la gravedad de esta situación, considere que a principios de este año la Oficina de
Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) proyectó que, a partir de 2030 ¡dentro de tan solo
cuatro años! el número anual de muertes en Estados Unidos superará el número anual de nacimientos.
La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) ha reducido su proyección de fertilidad a largo plazo para
Estados Unidos a 1,53 hijos por mujer, muy por debajo de los 2,1 necesarios simplemente para reemplazar a
la población actual. En la práctica, esto significa que, sin inmigración, la población estadounidense comenzará
a disminuir en 2030.
Por supuesto, esta no es solo una situación estadounidense. Como he señalado en muchas columnas de Spirit
& Life a lo largo de los años, más de 130 países se encuentran ahora por debajo de la tasa de fertilidad de
reemplazo. La tasa de Corea del Sur ha caído por debajo de un hijo por mujer. Se proyecta que Japón perderá
casi un tercio de su población para 2070. Italia está en una espiral demográfica desastrosa.
Nada de esto habría sorprendido al fundador de Vida Humana Internacional, el Padre Paul Marx, OSB. Ya en
el año 2000, mientras el resto del mundo aún estaba sumido en la histeria de la superpoblación, el Padre Marx
advertía sin rodeos que “aproximadamente la mitad de los países del mundo, incluidos todos los países
desarrollados, tendrían una tasa de natalidad no reproductiva. Naciones enteras se están extinguiendo”.
Un cuarto de siglo después, Estados Unidos, que durante tanto tiempo resistió la tendencia del colapso
demográfico, se ha sumado a esa sombría lista. Parece que la historia de vitalidad y crecimiento estadounidense
está llegando a su fin, y Estados Unidos se une a la lista de naciones occidentales envejecidas que han perdido
las ganas de vivir, o al menos de prosperar.
Washington anhela una explosión de natalidad
Cabe destacar que la actual administración en Washington se ha tomado en serio las cifras de los CDC. El
presidente Trump ha insistido repetidamente en lo que él describe como “un nuevo baby boom”.Según CBS News, su equipo ha estado solicitando propuestas pronatalistas a defensores externos. Entre las
ideas que se barajan se incluyen un bono de $5,000 para las nuevas madres, la ampliación de los créditos
fiscales para familias, una “Medalla Nacional de la Maternidad” y programas de seguimiento del ciclo menstrual
para ayudar a las jóvenes a comprender mejor su fertilidad.
El 3 de abril de 2026, el Departamento de Salud y Servicios Humanos publicó una nueva Convocatoria de
Financiamiento para el Título X, el principal programa federal de planificación familiar, que durante medio siglo
se ha dedicado principalmente a distribuir anticonceptivos a mujeres de bajos ingresos.
Como informó CBS News, el documento de 67 páginas contiene una sola referencia a la anticoncepción,
describiéndola como un uso excesivo, asociado a efectos secundarios negativos y parte de una dependencia
excesiva de los tratamientos farmacéuticos y quirúrgicos.
Emma Waters, analista sénior de políticas de la Fundación Heritage, acogió con satisfacción el documento.
«Me animó especialmente ver un lenguaje que abordara las demoras en el diagnóstico de afecciones como la
endometriosis, la necesidad de que las mujeres comprendan de forma práctica cómo funcionan su ciclo y su
fertilidad, y la importancia de promover la causa raíz del problema a través del Título X», declaró.
Hay muchos aspectos positivos en este documento. Durante décadas, HLI ha alertado sobre los estragos que
la mentalidad anticonceptiva ha causado en el matrimonio, la familia y la fertilidad. Que un gobierno federal dé
un paso atrás, aunque sea vacilante, en la promoción acrítica de la anticoncepción hormonal es un hecho
sorprendente.
Lamentablemente, sin embargo, la misma administración que se está distanciando discretamente de la
anticoncepción está impulsando agresivamente la fertilización in vitro (FIV), una industria que trata a los niños
como productos que se pueden encargar y destruye embriones humanos a escala industrial.
No existe un verdadero “baby boom” (término utilizado comúnmente para referirse al fenómeno de explosión
en las tasas de natalidad) que pueda construirse sobre la producción y destrucción masiva de vida humana en
un laboratorio. Cualquier agenda seria a favor de la familia debe comenzar por respetar a los niños que dice
desear.
¿Porqué estamos aquí?
La pregunta clave es: ¿por qué estamos aquí? ¿Por qué un país que alguna vez fue conocido por sus familias
numerosas y bulliciosas ha llegado al punto en que, en promedio, las mujeres tienen menos de dos hijos y el
63% de las mujeres de entre 25 y 29 años no tienen hijos?
La respuesta habitual es económica. Las casas son demasiado caras. El cuidado infantil es demasiado caro.
Los salarios no han aumentado al mismo ritmo. Según encuestas recientes, el 71% de los adultos
estadounidenses no está de acuerdo con la idea de que tener hijos sea asequible para la mayoría de la gente.
No pretendo minimizar estas presiones. Son reales, y cualquier política seria a favor de la familia debe tomarlas
en serio. Sin embargo, la explicación del costo de vida simplemente no tiene el peso que le otorgan los
comentaristas laicos.
Los estadounidenses durante la Gran Depresión eran más pobres en todos los sentidos que los
estadounidenses de hoy, y, aun así, seguían teniendo hijos. La generación de la posguerra formó familias
numerosas con un solo ingreso, en casas que ocupaban un tercio del tamaño de una vivienda promedio actual.
Algo ha cambiado, y no se trata principalmente del precio de la leche ni siquiera del costo de la vivienda.Emma Waters, de la Fundación Heritage, al comentar los nuevos datos de los CDC, mencionó algunos de los
factores subyacentes: “tecnologías que atentan contra la vida, presiones económicas, malas políticas y
movimientos culturales como el feminismo de las mujeres emprendedoras” se combinan para empujar a cada
vez más mujeres a retrasar o renunciar por completo a la maternidad.
En otras palabras, la explicación del costo de vida apunta más allá de sí misma, hacia el colapso cultural y
espiritual más profundo que los datos miden, pero que no pueden diagnosticar. Y ese diagnóstico más profundo
fue ofrecido hace casi seis décadas por un discreto erudito italiano cuyas palabras proféticas fueron rechazadas
con vehemencia en su momento, pero que han demostrado ser ciertas en todos los aspectos.
El Papa San Pablo VI ya previó esta realidad
El 25 de julio de 1968, el Papa San Pablo VI promulgó la ahora famosa (y notoriamente controvertida) encíclica
Humanae Vitae. En ese documento, el santo Papa reafirmó la enseñanza constante de la Iglesia de que el acto
matrimonial, por su propia naturaleza, une dos significados inseparables: la unión amorosa del esposo y la
esposa, y la apertura al don de la nueva vida.
La reacción, como todos sabemos, fue furiosa. La encíclica fue denunciada como cruel, represiva y ajena a la
vida moderna. Los teólogos discreparon públicamente. Los obispos titubearon o guardaron silencio. Y en tan
solo unos pocos años, la revolución anticonceptiva se convirtió en un hecho cultural establecido en todo el
mundo occidental. Trágicamente, sin embargo, muy pocas personas se molestaron en leer lo que el pontífice
había escrito. En el párrafo 17 de Humanae Vitae, el Papa San Pablo VI expuso, con notable perspicacia, lo
que sucedería si se rompieran los significados unitivo y procreativo del acto matrimonial.
Estatua del Papa Pablo VI en el Santuario de Fátima, obra del escultor Joaquim Correia.
En primer lugar, advirtió que la anticoncepción abriría “un camino amplio y fácil” hacia la infidelidad conyugal y
una degradación general de los estándares morales. En segundo lugar, advirtió que los hombres
acostumbrados a la práctica anticonceptiva perderían el respeto por las mujeres y las reducirían a meros
instrumentos de placer egoísta. Y luego, en su advertencia más escalofriante, previó el peligro de que el poder
de la anticoncepción cayera en manos de gobiernos hostiles a la ley moral.¿Quién culpará a un gobierno que, en su intento por resolver los problemas que afectan a todo un país,
recurre a las mismas medidas que las personas casadas consideran lícitas? ¿Quién impedirá que las
autoridades favorezcan los métodos anticonceptivos que consideren más eficaces? Si lo consideran
necesario, incluso podrían imponer su uso a toda la población (Nro. 17).
Más de cinco décadas después, todas estas advertencias se han cumplido. La fidelidad conyugal se ha
derrumbado. La pornografía ha industrializado la reducción de mujeres (y hombres) a meros objetos. Y los
gobiernos de todo el mundo, incluido, de forma especialmente notoria, el gobierno estadounidense, como
señalé en mi reciente columna sobre el NSSM-200, han dedicado décadas a coaccionar, esterilizar y presionar
a sus propios ciudadanos (y a los de naciones más pobres) para que tengan menos hijos.
¡Menuda sabiduría la de los teólogos disidentes de 1968!
Cuando los niños se convierten en el enemigo
Veintisiete años después de Humanae Vitae, el Papa San Juan Pablo II escribió su gran encíclica Evangelium
Vitae, en la que nombró lo que estaba sucediendo: la “cultura de la muerte”. En ese documento, el Santo Padre
mostró que la anticoncepción y el aborto, aunque distintos en su gravedad moral, son, sin embargo, “frutos del
mismo árbol”. Ambos, escribió, tienen su origen en “una mentalidad hedonista que no está dispuesta a asumir
la responsabilidad en materia de sexualidad” y en “un concepto egocéntrico de libertad, que considera la
procreación como un obstáculo para la realización personal”.
Y luego, en un pasaje que debería helar la sangre de todo lector, escribió:
La vida que podría resultar de un encuentro sexual se convierte así en un enemigo que debe evitarse a toda
costa, y el aborto se convierte en la única respuesta decisiva posible ante el fracaso de la anticoncepción
(Nro. 13).
El Padre Paul Marx ya lo había señalado antes: “En todos los países, sin excepción, la anticoncepción ha
conducido al aborto, y una vez al aborto, al infanticidio, preludio de la eutanasia en toda regla”. En otras
palabras, lo que vemos en las cifras de los CDC es el resultado final y predecible de una cultura a la que se le
ha enseñado durante dos generaciones a tratar su propia fertilidad como un defecto que debe ser neutralizado.
El instinto que susurra “ahora no, todavía no, este no” a una joven pareja que elige la anticoncepción es el
mismo instinto que susurra “acabar con esto” en la sala de espera de una clínica de abortos.
Un hijo siempre es un regalo
Frente a este sombrío panorama, la Iglesia Católica ofrece una visión radicalmente diferente. Un hijo, enseña
la Iglesia, no es una carga. Un hijo no es un accesorio. Un hijo no es un obstáculo, ni un bien de lujo, ni un
lamentable efecto secundario del matrimonio. Un hijo es un don, de hecho, el don supremo del matrimonio.
Como tan bellamente lo expresó el Papa San Juan Pablo II en Familiaris Consortio:
El amor conyugal, no termina con la pareja, porque los capacita para el mayor don posible, el don por el cual
se convierten en colaboradores de Dios para dar vida a una nueva persona humana (Nro. 14).
El Catecismo de la Iglesia Católica expresa esta misma verdad aún más directamente: “Un hijo no es algo que
se le deba a uno, sino un don, El “don supremo del matrimonio” es una persona humana” (Nro. 2378). En otras
palabras, una cultura que aprende a recibir a los hijos como dones tenderá a acogerlos con los brazos abiertos.Una cultura que aprende a evaluar a los hijos como costos o inconvenientes que se sopesan frente a la carrera
profesional, el ocio, las finanzas o la comodidad, tenderá a rechazarlos.
La esperanza comienza en el hogar
¿Qué se puede hacer, entonces? Ante cifras tan alarmantes, la tentación es recurrir primero a las políticas
gubernamentales: créditos fiscales, subsidios por natalidad, permisos familiares remunerados, reformas en
materia de vivienda.
Todas estas medidas pueden ayudar, y una política seria a favor de la familia debe impulsarlas. Sin embargo,
ningún programa gubernamental puede generar el deseo de tener hijos. Hungría, China y los países nórdicos
han intentado con generosos incentivos pronatalistas, pero hasta ahora ninguno ha logrado revertir la tendencia.
Esto se debe a que el deseo de tener hijos no es, en última instancia, una preferencia económica. Como no me
canso de recalcar, es fruto de la esperanza: la esperanza de que el mundo es bueno, de que la vida merece la
pena ser vivida, de que Dios mismo es el autor de nuestra existencia y el Padre amoroso de nuestros hijos. Y
estas convicciones no se pueden fomentar con incentivos fiscales. Se forman en la familia mucho antes de que
aparezcan en cualquier encuesta gubernamental sobre intenciones de natalidad.
Por eso, la labor pronatalista más importante de este país no se lleva a cabo en Washington, D.C., sino en los
hogares de aquellas parejas católicas que, frente a una cultura implacablemente hostil, acogen con valentía a
los niños, los crían en la fe y dan testimonio público de la alegría de la vida familiar.
Todo comienza con una joven pareja que, en sus votos matrimoniales, expresa con sinceridad su disposición a
tener hijos. Comienza con una esposa que, frente a la burla constante de la sociedad, disfruta con serenidad
de la maternidad. Comienza con un párroco que enseña la Encíclica Humanae Vitae con sencillez y amor, en
lugar de ocultarla. Comienza con abuelos que rezan por sus hijos y nietos, mencionándolos por su nombre,
cada día, para que tengan el valor de acoger la vida. En definitiva, comienza con cada uno de nosotros.
En 1968, el Papa San Pablo VI fue tratado como una reliquia. El informe del CDC del 9 de abril de 2026 es,
entre otras cosas, su reivindicación. Oremos por nuestras parejas jóvenes, para que reciban a sus hijos con
alegría y confianza, incluso en una cultura que las ridiculiza. Oremos por nuestros pastores, para que proclamen
la verdad sobre el matrimonio, la familia y el don de la vida con sencillez y amor. Y oremos por nuestra nación,
para que recupere la esperanza en la que se basa toda civilización, antes de que sea demasiado tarde.
P. SHENAN J. BOQUET
Como presidente de Human Life International, el Padre Shenan J. Boquet es un
destacado experto en el movimiento internacional provida y familia, habiendo viajado
a casi 90 países en misiones provida durante la última década. El Padre Boquet trabaja
con líderes provida y profamilia en 116 organizaciones que se asocian con Vida
Humana Internacional para proclamar y promover el Evangelio de la Vida.
Lea su biografía completa aquí.
https://www.hli.org/2026/04/u-s-population-moves-ever-closer-to-zero-gro...




